El escarabajo de alabastro

“Más vale equivocarse en la esperanza que acertar en la desesperación”.
Amin Maaluf

La Revolución de Febrero, o Revolución Blanca, fue el proceso que se desencadenó en Egipto a principios de 2011, concretamente durante los últimos días de Enero. Ocurrió como respuesta a la creciente e incontrolada corrupción del sistema político encabezado por Hosni Mubarak, y como repercusión inmediata de la recientemente acaecida revolución tunecina. Grandes manifestaciones convocadas a través de Facebook, revueltas sociales espontáneas, y episodios de gran violencia se vivieron en todo el país. Como consecuencia de ese proceso revolucionario, la sangre de miles de personas corrió por las calles de El Cairo, y se depuso al presidente de acuerdo a la voluntad de la rebelión popular. En su lugar se instauró un gobierno militar autoritario, que no dudó en imponerse por la fuerza y en reprimir violentamente toda manifestación contraria al nuevo régimen, al tiempo que sumía al país en una profunda crisis institucional. Recién el 21 de Julio se convocó a elecciones democráticas, donde resultó electo Mohamed Morsi, en reemplazo del depuesto Mubarak y del gobierno militar.

Aquella mañana de principios de Julio, luego de un vuelo corto proveniente de Dubái, llegamos a la milenaria ciudad de El Cairo. La primer experiencia fue el sofocante abrazo de una atmósfera caliente y espesa, que superaba los cuarenta y dos o cuarenta y tres grados. Las gargantas se secaban, y los rayos del sol quemaban todo lo que se interponía entre el cielo y el suelo…