Tras el rastro de Menudencio

diez años después...

Nada hace dudar más de la Historia que el ritmo vertiginoso del tiempo real. El relato que sigue corresponde a un tiempo de tránsito, a un tiempo bisagra, lleno de profundos cambios y transformaciones. Ocurre durante una brecha tecnológica donde la fotografía digital era incipiente y aun existían defensores acérrimos de la fotografía en papel; un tiempo en que apenas habían lanzado el MSN Messenger, y por supuesto no existían Facebook, YouTube, los blogs o la Wikipedia; en definitiva, una brecha entre la adolescencia tardía y la adultez de toda nuestra generación.

La historia de Menudencio es tributaria de “El libro de arena” de Borges, de “El ángel gris” de Dolina,  y por supuesto, del Memorioso Funes; pero también de una época en que proliferaban los cibercafés, y decir “voy a Hotmail” era sinónimo de dirigirse a uno. No existía aun Gmail, o Flickr, y los respaldos informáticos se hacían en disquetes o eventualmente en cd; y las cuentas de correo electrónico, por su parte, tenían un tope máximo de dos megas (menos del 0.05% de lo que ofrece hoy un proveedor gratuito).

Tal vez por eso, el valor intrínseco de esta historia radique en resaltar el valor testimonial en un tiempo en que las tecnologías documentales eran precarias, y los registros de viaje dependían mucho más de la voluntad y del temperamento, que de las facilidades del entorno.

Corresponde también decir, que la historia que sigue no es una creación individual, sino de varias personas, que sabiéndolo o no, aportaron sus granitos de arena para que este  relato viera la luz. Quien lo firma es apenas un recopilador y amanuense de memorias lejanas.

Nada hace dudar más de la Historia que el ritmo vertiginoso del tiempo real. Diez años no es mucho tiempo. Sin embargo, es suficiente para legitimar un mito. La historia de Menudencio es un homenaje a la voluntad del protagonista, y al rescate de su inmenso trabajo. Pero por sobre todas las cosas, este relato es un homenaje a todos los que viajaron, y a los que viajarán.

Prado, Julio de 2012.